El conjunto, de gran calidad ambiental, se sitúa en la salida de la ciudad hacia el centro de la isla. La plaza está delimitada al naciente por la ermita del Espíritu Santo y la Casa del Canónigo; al norte por la Casa Manrique (calle Castillo número 4) y al sur por las Casas Manrique de Lara y Quintana (calle Castillo números 1 y 3).

Originalmente ajardinada, ha sufrido una serie de intervenciones sin atender al proyecto del siglo XIX. La fuente central, dibujada por Ponce de León, recuerda que la nueva red de aguas partía desde esta plaza al resto de la ciudad. Es historicista-clasicista, de planta cuadrada, base acanalada con bandejas, sobre las que irían cuatro esculturas femeninas sedentes (arquitectura, pintura, escultura, música, hoy desaparecidas) y templete, que tiene cuatro arcos que sostienen una cúpula de base poligonal sobre un tambor con decoración floral, destacando toda la decoración romántica.

La arquitectura de la calle Castillo configura un conjunto neoclásico-academicista y responde en su conjunto a la casa de patio tradicional, con jardines traseros que descienden hasta el barranco Guiniguada al norte, mientras al sur se configura con patios traseros o de servicio donde se abrían las huertas, ahora cercenadas por la calle Santa Bárbara. Salvo el número 13, que data del siglo XVII, las fachadas presentan una estructura simétrica con lenguajes neoclásicos o románticos y estructura, siempre, de “piano nobile”, con balcones simétricamente dispuestos. El carácter del conjunto viene dado por el uso de cantería en huecos, zócalos y cornisas.

La primitiva ermita estaba situada fuera de las murallas, en la zona de Arenales. Tras su destrucción por el ataque del holandés Van der Does (1599), cambió su emplazamiento al actual, ocupando toda la parcela frente a la plaza del Espíritu Santo. Su planta es rectangular, de una sola nave y cubierta de teja a dos aguas. El presbiterio, también rectangular y transversal a aquella, se cubre a cuatro aguas. Ambos espacios se separan por un arco toral de cantería. Sobre el acceso se sitúa un pequeño coro de madera. Su artesonado y alfiz muestran su pertenencia a la arquitectura religiosa mudéjar. La portada, adintelada, es de cantería, así como el óculo y la espadaña. Las esquinas, también de cantería, se rematan en la fachada con macetones. Otra portada similar, aunque cegada, se abre en el alzado lateral.