En Cruz Grande confluyen todos los caminos de herradura (pasos estrechos por los que se transitaba a caballería) que vienen desde el Poniente y la Cumbre en dirección al Sur. El más espectacular, por su trazado y técnica constructiva, es el Paso de Plata, la obra caminera de mayor envergadura que aún se conserva de Gran Canaria.

Se trata de una difícil bajada zigzagueante con fuertes desniveles que viene desde la Cumbre a través de El Llano de Pargana. Una obra caminera trazada desde tiempos remotos para evitar el largo recorrido de la bajada de Ayacata. Fue a finales del siglo XIX cuando, por iniciativa de un patricio local, este camino se ensanchó y empedró. Una vez que se mejoró, y hasta que se trazaron las primeras carreteras en el primer tercio del siglo XX, este camino se convirtió en un enlace estratégico entre la Cumbre y la Caldera de Tirajana.

Viajeros importantes como Olivia Stone (1883) o Verneau (1884-1888) dejaron constancia de su peligrosidad por la roca desnuda y resbaladiza. En aquel momento la zona costera de la Isla, en el marco del puerto franquismo, comenzaba a progresar, de lo que se beneficiaba el interior aportando productos agropecuarios de subsistencia. Por tanto, soportó un intenso tránsito de arrieros, peatonal y pecuario (trashumancia) y mejoró las conexiones entre los dos grandes centros jacobeos de Gran Canaria, Gáldar y Tunte, a lo largo de un eje viario transversal de Noroeste a Sureste.

El Paso de La Plata, hoy restaurado y debidamente señalizado, constituye una de las sendas más interesantes de Gran Canaria tanto por sus características, como por el espacio natural que atraviesa, o por las extraordinarias perspectivas que desde el mismo se tienen sobre el Sur. Se aconseja su tránsito partiendo desde la Cumbre hasta la Degollada de la Cruz Grande, desde donde, a su vez, se puede acceder a la Caldera de Tirajana y hacia los barrancos del Sur por una interesante red de antiguos caminos de herradura.