El primitivo convento dominico se fundó en 1522 junto a la ermita de San Pedro Mártir, erigida por el conquistador Pedro de Vera. Tras los procesos desamortizadores, el complejo conventual desapareció y parte del claustro se encuentra ahora en la Casa de Colón. En 1841 el Obispo Romo declaró parroquia a la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, que ha sido recientemente restaurada.

La iglesia (siglo XVII) tiene planta de cruz latina, compuesta de tres naves, la central de doble anchura respecto a las laterales. El crucero acaba en dos capillas laterales: la de la Epístola, de planta cuadrada, y la del Rosario, rectangular. A los pies de la nave se coloca el coro con balaustrada y gradas y una rica ornamentación en madera. Las naves se separan por arcos sobre columnas y se cubren con una bóveda de cañón bajo armadura. El acceso es lateral, desde la plaza, y la fachada principal cierra el lateral norte del templo, correspondiéndose con una de las naves laterales.

La portada barroca, entre dos pilastras, está labrada en cantería azul y presenta un primer cuerpo con arco en alfiz y baquetones a sus lados, un entablamento y un frontón partido, del que surge el segundo cuerpo, más estrecho y con hornacina, que se remata en un frontón polilobulado. A su derecha, se accede a la ermita del colegio de San Antonio, colindante, y sobre esta entrada se sitúa la torre del campanario, también en cantería azul, con un primer cuerpo con portada de arco de medio punto, un segundo macizo, con escudo y un tercero, con la espadaña.

La plaza en donde se ubica la Iglesia, que lleva el mismo nombre, es una de las más antiguas de la ciudad y que mejor ha conservado su trazado. La primera fuente en este lugar se debió a las mejoras urbanas introducidas por el Gobernador Zurbarán en el siglo XVI. La plaza actual, del siglo XVII, entre las calles Pedro Díaz, Sor Brígida y Toledo, tiene una planta rectangular abierta en tres lados, estando el cuarto ocupado por la Iglesia. A su gran valor arquitectónico e histórico contribuyen los edificios que se asoman a su espacio. En su interior destaca la fuente barroca que ha sido, además, un tema recurrente para los modernistas.