Situada en la plaza del mismo nombre, la Iglesia de San Francisco de Asís formó parte del convento franciscano, el segundo de las islas. Una última intervención, de los años cincuenta (1954-1961), fue llevada a cabo por una comisión de obras para hacer de modo general una propuesta decorativa. Del ex-convento franciscano permanece la espadaña de cantería, aislada, y la iglesia.

La iglesia es de una nave con acceso lateral a los pies de la misma y fue, en su momento, el límite sur del recinto conventual. A los lados de la nave una serie de capillas se abren a través de arcos de medio punto, habiéndose readaptado en este momento, como sendas naves laterales. Un gran arco toral separa la nave central del presbiterio. Esta nave y las capillas mayor y laterales tienen artesonado mudéjar, ochavado en estas últimas. De la fachada destaca la portada manierista, casi protobarroca. Su estructura es de líneas serenas, con columnas pareadas que se levantan sobre plintos y recogen un entablamento de arquitrabe, friso y cornisa, que se remata en un frontón roto que acoge el escudo franciscano. El arco de la portada es de medio punto, con pilastras lisas en las jambas y recuadros cajeados en la rosca.

El curato, en la cabecera de la iglesia, acoge las dependencias parroquiales y la sacristía. Fue proyectado por Laureano Arroyo (1899), junto con una reforma de la iglesia para regularizar y dar fachada hacia la calle General Bravo. El frente se proyecta simétricamente con dos cuerpos de puerta, óculo y ventana de medio punto en los extremos y un cuerpo central de tres huecos. Un remate almenado, que continuaba por todo el alero de la iglesia y que desapareció en la última intervención de los años cincuenta, coronaba la fachada.