San Bartolomé de Tirajana - Etnografía

Las obras hidráulicas, imprescindibles para garantizar la fertilidad de las tierras de la comarca, conforman el interesante patrimonio etnográfico de San Bartolomé de Tirajana jalonando sus barrancos tanto bajo tierra –las minas- como en sus laderas, en este caso con acueductos y canalizaciones.  Destacan también El Molino de Los Cazorla y el Paso de Plata, camino que unió estratégicamente la Cumbre y la Caldera de Tirajana.

El molino de Los Cazorla

El Molino de Los Cazorla se encuentra en los Cercados Altos de Fataga, visible desde la carretera GC-60, desde donde se puede bajar al mismo por una corta senda. Se trata de una reconstrucción de principios del siglo XX sobre otra existente de finales del siglo XIX, en el mismo lugar, bajo el cual se hallaba otro molino más pequeño.  Más abajo, a un kilómetro, a la altura del caserío, molía otro, el Molino de Abajo o Molino de Gurieta, con las aguas de la Mina de Los Ortigones. El Molino de Los Cazorla dispone de una dependencia anexa separada, la casa del molinero con una cubierta de teja árabe a cuatro aguas. El Molino constituye todo un hermoso conjunto arquitectónico, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), ubicado además en un entorno natural que incluye un gran número de palmas canarias.

La reconstrucción del nuevo Molino de Arriba o de Los Cazorla fue, en su momento expectante, pues se levantó con un nuevo cubo de doble altura que el anterior (12 metros) para ganar presión; pero, los cálculos fallaron, se reventó el día de la puesta en marcha y destrozó por completo al pequeño molino que se hallaba por debajo del mismo. La reconstrucción del cubo se hizo esta vez reforzándolo con tres basamentos circulares escalonados, de gran grosor.

El acueducto de este molino es espectacular, lleva una base de madera de tea y obra de mampostería ordinaria, apoyado sobre media docena de pilastras en cantería. Adosado al cubo está el salón, de planta cuadrangular y techumbre a una sola agua, donde se halla el mecanismo de molienda.

 

Las minas del barranco de Tirajana

A lo largo del barranco de Tirajana se trazaron, desde muy antiguo, varias minas y minotes de agua. Una de ellas es la Mina de la Acequia Blanca. Pero lo más espectacular en minas de agua, único en Canarias, lo encontramos a partir de la cantonera de reparto de Samarín, donde fluye el agua del complejo de las kilométricas minas de la Heredad de Sardina y Aldea Blanca.

A pocos kilómetros de la costa, en Los Angostos aparecen las obras de envergadura, llevadas a cabo por el Condado de la Vega Grande: la Mina Vieja y la Mina Nueva
El primer trazado o la Mina Vieja, iniciado en el período de sequía de 1720, comienza a la altura de la desembocadura del barranquillo de El Gallego. El segundo trazado fue realizado entre 1910 y 1965, a continuación del primero, y respondía a las necesidades hídricas de los cultivos de tomateros de los llanos de la costa. En 1950, la mina llega a El Sao y más tarde (1965) a El Lugarejillo. En este momento la longitud de la Mina alcanzaba los 3 kilómetros sin lograr caudales significativos. Por ello los ingenieros de la Heredad proyectaron, un kilómetro más arriba, en La Cuesta del Garrote, un segundo tramo independiente de mina, cuando ya se construía la presa de Sorrueda.

De la Mina de la Acequia Blanca se puede ver aún en Sardina la boca de salida, así como sus seis campanas y pozo complementario a lo largo de un kilómetro barranco arriba.
La Mina Vieja comienza su trazado en El Gallego con una longitud de 150 metros y sección de 0,6 metros de ancho por 1,20 metros  de altura. Esta obra subterránea se fue ampliando hasta finales del siglo XIX, barranco arriba, con nuevos tramos subterráneos filtrantes, en zig-zag, de un lado a otro del barranco, con tres campanas de ventilación, de unos 30 metros de profundidad hasta sobrepasar la zona de El Gallego, con una longitud de 600 metros. La mina continúa avanzando como una galería subterránea bajo el barranco, y por El Sao, penetra en el lateral rocoso, donde se perfora la cuarta campana de ventilación: una curiosa lumbrera de 1,5 metros de diámetro, 25 metros de profundidad y en escalera de caracol de 104 peldaños para el descenso al fondo de la mina.

En El Sao  se perfora la quinta lumbrera de ventilación, para continuar un kilómetro más arriba hasta El Lugarejillo, y en 1965, se horoda la sexta campana. En La Cuesta del Garrote se inicia un segundo tramo independiente de mina que llegaría hasta unos 100 metros antes de la pantalla de la presa de Sorrueda. Este tramo se abre en «V», a 32 metros de profundidad, para captar las filtraciones de la presa.

Los acueductos de Fataga – Maspalomas

La necesidad de supervivencia obligó a buscar agua en los cursos subálveos (subfluviales) del barranco de Fataga, seccionándolo con varias minas cuyas aguas se conducían hasta la costa a través de un acueducto. En el cauce bajo destaca la Mina de Arteara, gestionada por la heredad del mismo nombre para irrigar las parcelas de cultivo que se hallan dentro del oasis. Más abajo, a pocos kilómetros de la costa, la Mina Vieja y la Mina Nueva.

Los Acueductos de Fataga-Maspalomas constituyen una de las canalizaciones hidráulicas más extraordinaria de Canarias tanto por su arriesgado trazado sobre el risco como por su efecto plástico.

La capacidad y trasvase de agua de este conjunto hidráulico podía llegar a los 200 litros por segundo y sin la cual no se explica la fertilidad que, desde muy antiguo, era objeto la zona de regadío de la gran hacienda de San Fernando de Maspalomas, propiedad del Condado (1.443 hectáreas). 

Para localizar este valioso bien patrimonial desde Maspalomas tomamos el barranco hacia arriba y, por la derecha, ya se observa la canalización. Cuando llegamos a la confluencia del barranquillo de Los Vicentes con el de Fataga, a los 750 metros comenzamos a ver los espectaculares arcos, frente a la zona de una industria de extracción y trituración de áridos. Más arriba, a unos dos kilómetros aparecen los azudes y las bocas de las dos minas. Y a unos 50 metros, junto a la pista tres campanas o lumbreras de ventilación de las minas, separadas a unos 50-75 metros unas de otras. La Mina Nueva presenta una entrada de 0,50 metro de ancha por 1 metro de alto y avanza hacia el interior con paredes de mampostería en seco y techo de lajas, toda una perfecta construcción.

Paso de Plata

En Cruz Grande confluyen todos los caminos de herradura (pasos estrechos por los que se transitaba a caballería) que vienen desde el Poniente y la Cumbre dirección al Sur; el más espectacular, por su trazado y técnica constructiva es el Paso de Plata, la obra caminera de mayor envergadura que aún se conserva de Gran Canaria.

Se trata de una difícil bajada zigzagueante con fuertes desniveles que viene desde la Cumbre a través de El Llano de Pargana, trazada desde tiempos remotos para evitar el largo recorrido de la bajada de Ayacata. Fue a finales del siglo XIX, cuando este camino, por iniciativa de un patricio local, se ensanchó y empedró; una obra quizás única en Canarias. Una vez que se mejoró, este camino se convirtió, hasta que se trazaron las primeras carreteras, en el primer tercio del siglo XX, en un enlace estratégico entre la Cumbre y la Caldera de Tirajana.

Viajeros importantes como Olivia Stone (1883) o Verneau  (1884-1888) dejaron constancia de su peligrosidad por la roca desnuda y resbaladiza. En aquel momento la zona costera de la Isla, en el marco del puerto franquismo, comenzaba a progresar, de lo que se beneficiaba el interior aportando productos agropecuarios de subsistencia. Por tanto, soportó un intenso tránsito de arrieros, peatonal y pecuario (trashumancia) y mejoró las conexiones entre los dos grandes centros jacobeos de Gran Canaria, Gáldar-Tunte, a lo largo de un eje viario transversal de Noroeste a Sureste.

El Paso de La Plata, hoy restaurado y debidamente señalizado, constituye una de las sendas más interesantes de Gran Canaria tanto por sus características, como por el espacio natural que atraviesa o por las extraordinarias perspectivas que desde el mismo se tiene sobre el Sur. Se aconseja su tránsito partiendo desde la Cumbre hasta la Degollada de la Cruz Grande, desde donde, a su vez, se puede acceder a la Caldera de Tirajana como hacia los barrancos del Sur, por una interesante red de antiguos caminos de herradura.