Las Palmas de Gran Canaria - Etnografía

Lagares y Bodegas de El Monte

En el área volcánica de Tafira-Monte Lentiscal- Bandama se ubica uno de los paisajes agrícolas más singulares de Gran Canaria, dedicado a la producción vitícola, con un legado patrimonial etnográfico de bodegas, casonas, áreas extensas y un total de 75 lagares, que representa la mayor densidad de Gran Canaria.

A pocos metros de la bifurcación que desde El Monte conduce a Bandama, en la recta de El Mocanal, se encuentra la Bodega de San Juan, fundada en 1912, por Juan Rodríguez Quegles, donde se ha establecido un centro de interpretación sobre la historia vitícola de la zona, tipos de cultivos, procedimientos de elaboración; un Museo del Vino, visitable, donde se puede estudiar un conjunto de tres lagares de principios de siglo, con prensa de hierro de presión continua y, además, la bodega y otras dependencias anexas frente al área abierta de viñedos, donde se puede degustar y comprar productos.

Cerca de la Bodega de San Juan se halla, en la Fuente de Los Berros una antigua hacienda, la Finca de Caballero, que cuenta con un viejo lagar, viviendas, alpendres, ermita…, de gran valor etnográfico.

Otro elemento, visitable previo acuerdo con los propietarios y con fines didácticos, es el conjunto de lagares de mayor densidad de la zona, en diferentes propiedades, denominado como Los Siete Lagares, incluido dentro de un plan de recuperación del Paisaje Protegido de Tafira, por el alto valor patrimonial de cada uno de ellos.

 

Molino del Batán

Está dentro de la ciudad, a la derecha de la autovía del Centro, poco antes de la desviación de El Batán, frente a la antigua cárcel de Barranco Seco. Es el último de los catorce molinos que, dentro del municipio de Las Palmas de Gran Canaria, molían con el agua del Guiniguada y de La Heredad de Vegueta y, posiblemente, el más antiguo de Gran Canaria. En esta zona se construyeron a finales del siglo XV los primeros molinos de agua para moler grano y para accionar los ingenios azucareros, uno propiedad del gobernador Pedro de Vera y otro del alférez mayor Alonso Jáimez de Sotomayor (movido por caballerías). Además, la zona debió tomar el actual topónimo de El Batán por la existencia de un artefacto hidráulico para el bataneo de las pieles. Perteneció a la casa condal de la Vega Grande y Guadalupe y estuvo activo hasta mediados de la década de 1960. Aún se conserva su obra de fábrica (salón del molino, cubo y canal) pero en estado de abandono. 

La Noria de Guanarteme

Se accede a este bien patrimonial a través de la carretera que conduce a las instalaciones abandonadas de La Marina, donde se halla un complejo de túneles-polvorines, muy interesantes desde el punto de vista de la arqueología militar.

La Noria está poco antes de la entrada a este cuartel, en el cauce del barranco de Tamaraceite-Guanarteme. Presenta una voluminosa obra de fábrica que resguarda un pozo de unos 15 m de profundidad, cuyo brocal se encuentra hoy cerrado.

Se trata del único vestigio que queda, en la Isla, de las antiguas norias. Es una obra de fábrica muy singular, de piedra y barro, con una planta circular y cinco contrafuertes. En su parte superior es donde se hallaba el mecanismo de la noria.

Aunque carecemos de datos precisos sobre el desaparecido mecanismo de elevación del agua, así como de su antigüedad, parece responder al modelo de las antiguas norias de madera, de las que aún quedan algunas por la isla de Fuerteventura.

Su hipotética reconstrucción, es como sigue: una gran palanca de madera, incrustada en una rueda horizontal, era impulsada por una o dos bestias; a su vez, esta rueda horizontal transmitía el movimiento, mediante un engranaje, a la rueda vertical que se hallaba sostenida por su eje sobre unas vigas, en el centro del brocal. En dicha rueda vertical iba engarzada una cadena sin fin con un número determinado de cangilones enganchados, los que bajaban vacíos al fondo del pozo. Los cangilones o arcaduces, de latón o de barro, según ascendían a la superficie y doblaban por la parte superior de la rueda vertical, vaciaban, por gravedad, el agua sobre una canal y nuevamente volvían hacia el fondo del pozo para repetir la operación.

Son muchos los lugares de la Isla que llevan el topónimo de La Noria por la existencia en su día de esta clase de ingenios hidráulicos cuya mayor densidad se hallaba, a principios del siglo XX, en Telde y La Aldea de San Nicolás y que en Fuerteventura estuvieron en activo hasta mediados de aquel siglo.


Imágenes

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