La Aldea de San Nicolás - Arqueología

La ermita del Charco, o ya en las proximidades del Barranco de Tocodomán, la Montaña de Hogarzales, son enclaves de interés para la prehistoria de Gran Canaria que hoy forman parte del patrimonio arqueológico de San Nicolás.

La ermita del Charco

Al lado sur de la playa de la Aldea encontramos un entramado de elementos prehistóricos, históricos y etnográficos del mayor interés. Allí, junto al Roque, casi lindando con la orilla del mar, se localiza una pequeña cueva donde la tradición sitúa una ermita fundada por franciscanos mallorquines en el S.XIV, que daría luego nombre a la aldea de San Nicolás. Se trata posiblemente del primer asentamiento europeo en las Canarias, al menos del que tenemos noticia, y su fundación puede ser datada sobre 1340 aproximadamente.

Muy cerca hallamos el final del cauce del barranco, en el que se ha formado un Charco de aguas salobres rodeado de tarajales, cañas, juncos y otras plantas propias de estas charcas de transición (patrimonio etnográfico).

La Montaña de Hogarzales

En las cercanías de la cima de la montaña se localiza un conjunto arqueológico de gran valor para el conocimiento de las formas de vida de los antiguos canarios. El conjunto, conocido como Minas de Hogarzales, está formado por una treintena de estrechas galerías artificiales, de longitud desigual, cuyo fin es la extracción del vidrio volcánico llamado obsidiana. La mayor parte de las minas muestran acondicionamientos para garantizar la seguridad de las tareas de extracción. La excavación de las vetas se llevaría a cabo con la ayuda de "picos" elaborados en piedra, probablemente de naturaleza basáltica, cuyas huellas aún se observan en las paredes de los corredores aludidos.

Con los trozos extraídos de Hogarzales podían fabricarse útiles de agudo filo con los que poder llevar a cabo cortes, raspados, etc. Su importancia económica, así como la escasez de vidrios volcánicos, convirtió a la obsidiana en una materia prima de sumo valor. Esta circunstancia explica el esfuerzo humano, económico y social que se adivina en las minas de la montaña de Hogarzales.

Además de las minas, en la cima de Hogarzales se localizan algunas estructuras de piedras hincadas que muestran, una morfología circular. En función de los datos disponibles han sido relacionadas con lugares en los que se llevarían a cabo prácticas de carácter "mágico religiosas", probablemente de índole propiciatoria. Muy cerca de estos círculos de piedra, al borde del abismo occidental de la cima aparece una singular "torreta" o altar de lajas superpuestas orientada hacia el Pico del Teide.

Las obsidianas de Hogarzales, con su peculiar tonalidad gris azulada, aparecen presentes en prácticamente todos los yacimientos de Gran Canaria, tanto en emplazamientos habitacionales como funerarios. Poco se conoce con relación a cómo se llevaría a cabo el trasvase de esta materia prima desde sus centros de producción a las diferentes unidades domésticas. Quizá una parte fuera objeto de intercambio, actividad a la que hacen referencia repetidamente las fuentes etnohistóricas:

El acceso al yacimiento arqueológico de Hogarzales presenta un elevado grado de dificultad, por lo que resulta recomendable tan sólo a aquellas personas en buenas condiciones físicas.

Poblado de Caserones

En la margen derecha del barranco de la Aldea, se localizan varias casas y algunos túmulos, que constituyen los restos visibles de lo que fue uno de los poblados de mayor envergadura de toda Gran Canaria. La densidad de casas lleva a considerar la existencia de al menos un cierto entramado que organizara o distribuyera los diferentes ámbitos que integraban el poblado. En él no sólo hay constancia de recintos habitacionales, sino también de otras construcciones. A este poblado, como sucede en otros conjuntos, se asocia una zona de necrópolis que ha aportado información sobre a jerarquía funeraria aborigen.

Grau Basas habla en la zona de unas construcciones diferentes a las viviendas: "Entre estos goros aparece uno más notable que llaman los naturales la Yglesia y consiste en dos goros reunidos y precediendo a sus entradas una gran cerca con su entrada mirando al mar".

La mayor parte de las casas muestran una planta circular u oval en el exterior, mientras que la morfología interior más frecuente es la cruciforme.

En los años ochenta se llevaron a cabo una serie de excavaciones arqueológicas en dos construcciones tumulares de este complejo: Caserones y Lomo de Caserones. Dichos trabajos pusieron de manifiesto diversos depósitos primarios de gran interés y que aportaban nuevos puntos de vista en torno a las prácticas funerarias prehispánicas de Gran Canaria. A tal efecto, en dichos túmulos pudo comprobarse la reiteración de ciertas pautas en lo que a la ordenación del espacio sepulcral se refiere. En los dos casos el área central del recinto mortuorio se encuentra ocupada por un individuo adulto masculino; a esta cista principal se asocian otras que acogían a sujetos femeninos adultos, así como individuos infantiles. Esta ordenación jerárquica no sólo fue documentada en lo que respecta a la posición ocupada por cada uno de los enterramientos, sino también a partir de los sistemas constructivos de cada uno de los espacios destinados a esta finalidad. Algunos de estos enclaves proporcionaron fechas de Carbono 14 que permiten su ubicación temporal. El túmulo de los Caserones arrojó una fecha de 810 d. C.

Sin embargo, son los espacios habitacionales los que han aportado un conjunto de dataciones que ponen de manifiesto la amplitud cronológica de este asentamiento, ya que van, al menos, desde el 60 d.C. hasta, posiblemente, fechas inmediatamente anteriores a la Conquista hispana.


Imágenes

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