La Aldea de San Nicolás

Las tierras de San Nicolás tuvieron una importante ocupación en la época prehispánica, asentándose la población a lo largo de sus valles, tanto en los de Tazarte y Tazartico (o Tasartico), como en el más amplio de San Nicolás, donde el yacimiento de Los Caserones es testigo de ese pasado y exponente del patrimonio arqueológico de la zona.

En los documentos históricos los términos más usados son "La Aldea" y "San Nicolás" o ambos juntos. San Nicolás de Tolentino es la denominación oficial que se le dio en 1959, una localidad caracterizada por la existencia desde antiguo de numerosos y dispersos caseríos que llegan hasta la costa (Tocodomán, Los Molinos, El Hoyo, Artejevez, Albercón, La Ladera, Playa de San Nicolás, etcétera).

En el núcleo cabecera de la Aldea de San Nicolás se localizan algunas construcciones de interés –patrimonio arquitectónico -, aunque lamentablemente la antigua iglesia fue sustituida por otro edificio en los años setenta del siglo XX, delante de la misma se encuentra la alameda con sus laureles de Indias. El patrimonio histórico inmueble más importante del municipio lo constituyen las obras de valor etnográfico (acequias, molinos, aeromotores, eras, etc.), así como ejemplos de viviendas populares dispersas por diferentes barrios y caseríos.

Posiblemente Los Caserones fuera el asentamiento de mayor tamaño, ya que Grau-Bassas contó casi 1.000 estructuras a finales del siglo XIX. Fue escenario de uno de los episodios más conocidos de la conquista de la isla en el siglo XV: la batalla de Ajódar con la derrota Miguel de Mujica y su compañía de vizcaínos.

El nombre de San Nicolás, que derivó en el topónimo, está en relación con las expediciones y presencia de los mallorquines en el siglo XIV, ya que éstos levantaron un oratorio con su nombre en la Playa de La Aldea. Con este acontecimiento, el municipio destaca como uno de los focos más antiguos del cristianismo en Canarias.

Después de la conquista el valle de San Nicolás no tuvo el desarrollo de otras vegas de la isla, a pesar de los repartos que se otorgaron a repobladores, aunque posiblemente actuaron como elementos negativos la dificultad de comunicaciones y el desvío que se hizo hacia Las Palmas de las aguas de Tejeda. Todos estos factores motivaron que la población fuera escasa y dispersa y que no fuera suficiente para dotarle de parroquia propia, razón por la cual hasta 1783 estuvo en la jurisdicción eclesiástica de Nuestra Señora del Socorro de Tejeda (creada en 1639), aunque con anterioridad el servicio religioso lo llevaban los frailes franciscanos del convento de San Antonio de Gáldar, quienes influyeron para la creación del curato aldeano.

La agricultura fue siempre el principal recurso del municipio gracias al aprovechamiento de las aguas que proceden de la zona de Tejeda, siendo productos de granos que se destinaban a los mercados de Tenerife. En relación con esta actividad económica está el más decisivo de los acontecimientos históricos que han marcado la historia contemporánea del municipio: el famoso "Pleito de La Aldea". Los orígenes del problema, de la que fue una de las disputas más famosas de Canarias, estaba en los límites imprecisos de la gran propiedad que adquirieron los marqueses de Villanueva del Prado en el siglo XVII, con las consecuentes diferencias entre los supuestos propietarios y los colonos. Los propietarios tinerfeños habían logrado una gran propiedad a partir de un repartimiento inicial a los Lugo en el siglo XVI, pero no podían aportar los títulos originales de propiedad y la imprecisión de los linderos había permitido que ocuparan tierras públicas. El contencioso se resolvió de forma satisfactoria para los aldeanos en 1927, año en que Galo Ponte, ministro de Gracia y Justicia visitó la localidad, incluyendo además el uso del agua del barranco de Tejeda. Esta decisión fue determinante para el enorme desarrollo agrícola que el municipio tuvo en el siglo XX, favorecido por la construcción de embalses y canales, así como la organización de cooperativas, iniciativas de las que son pioneros en Canarias. Entre los productos destaca el tomate.

La cabecera municipal y otros puntos del valle de La Aldea son escenarios de las fiestas de San Nicolás, que integra uno de los actos festivos tradicionales más originales de Gran Canaria. En el programa de estas celebraciones patronales destaca el "charco", que se celebra cada 11 de septiembre a las 5 de la tarde en la Playa de San Nicolás, es el acto más conocido de las fiestas del casco urbano, aunque en un marco aparte.


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