Gran Canaria Arte

El patrimonio artístico mueble de Gran Canaria está ligado al devenir económico de la Isla. Así, durante los siglos XV y XVI primó una actitud receptora y acumulativa de piezas importadas, especialmente de obras flamencas, producto del intercambio comercial con los Países Bajos. Una tendencia que prosiguió hasta bien entrada la siguiente centuria. Testigos de esta etapa son el Retablo Mayor de la Iglesia de San Juan Bautista en Telde, el Tríptico de las Nieves en Agaete o las imágenes de Era de Mota en Valsequillo. Asimismo, y fruto de la emigración canaria hacia América, el Archipiélago será receptor de obras procedentes de esas latitudes. Ejemplo de ello es el Crucificado del altar mayor de San Juan de Telde, obra procedente de México

A medida que fue descendiendo la llegada de obras flamencas, los talleres peninsulares comenzaron a tener protagonismo en el campo de las importaciones. Su presencia se manifiesta a lo largo del siglo XVII coincidiendo con el estilo barroco, donde imperaba el espíritu religioso. En éste sentido, las iglesias de Gran Canaria albergarán las arquitecturas lignarias (retablos) y obras de imaginería. En el XVIII ,en la Isla la imaginería barroca tiene un nombre : el escultor guiense Luján Pérez responsable de las mejores tallas , que suelen identificarse por su especial tratamiento a la hora de tallar la fisonomía de los rostros . Aunque en su formación recibe pautas neoclásicas, Luján Pérez trabajará bajo formas barrocas en su escultura y con cánones neoclásicos en sus proyectos arquitectónicos.

El rápido desarrollo económico de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, favorecido por la actividad del Puerto de la Luz, y las ideas ilustradas, crea unas expectativas sociales que conllevan un cambio de mentalidad.

Por esta época el artista empieza a ser consciente de su responsabilidad histórica, preocupación que se plasma en la plástica isleña con distintos acentos: impresionistas, regionalistas, simbolistas, modernistas, indigenistas, surrealistas, expresionistas… manifestándose en períodos distintos desde finales del siglo XIX hasta la segunda mitad del siglo XX. De esta etapa destaca la obra del pintor Néstor Martín Fernández de la Torre, quien buscará su inspiración en la mitología isleña bajo el halo del romanticismo propio de la estética simbolista. Entre su producción de gran formato destaca la pintura mural que diseñó para el Teatro Pérez Galdós.

Por otro lado y, durante la década de los 30 del siglo XX hace su presencia el movimiento indigenista canario nacido en el seno de la Escuela Lujàn Pérez. Característica del movimiento fue el intento de rescatar los rasgos esenciales de la canariedad para lo cual se inspiraron y reivindicaron el pasado prehispánico y las tradiciones populares.

Felo Monzón, Plácido Fleitas, Jorge Oramas, Santiago Santana... son los nombres más conocidos de esta pléyade de artistas que impulsaron un arte autóctono ampliado considerablemente por la búsqueda incesante de otros lenguajes.

Los escultores de la Escuela, como Plácido Fleitas, experimentaron con las posibilidades de la piedra volcánica, el basalto y la madera, dándole a sus esculturas un acabado que resaltará extraordinariamente sus texturas.

Sobresale en este movimiento Manolo Millares. El museo canario y los restos aborígenes allí custodiados fueron su principal fuente de inspiración. Las posibilidades expresivas que ofrecía los materiales, formas y colores de este universo cultural permitió, a este artista de talla internacional, la experimentación plástica a la vez que la reivindicación de esta herencia cultural.

Son estos valores, entre otros, los que configuran los bienes muebles artísticos de Gran Canaria .Archivos históricos, inmuebles religiosos, Museos y colecciones particulares, diseminadas por la isla, constituyen actualmente los contenedores y tutores de este importante patrimonio cultural utilizando las herramientas y criterios que propugna la Ley de Patrimonio Histórico de Canarias en su titulo II, IV


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