Gáldar - Etnografía

Del patrimonio etnográfico de Gáldar destacan sobre todo sus centros loceros y, especialmente, sus canteras, de las que se extraía una piedra ocre canelosa muy característica y que tuvo una gran difusión (los cantos dorados de Gáldar) hasta mediados del siglo XX.

Hoya Pineda

Se accede por la desviación de San Isidro de Gáldar. A unos 5 kilómetros nos encontramos primero con La Degollada de Hoya de Pineda donde se encuentra el centro locero, en el conjunto principal de casas-cueva y viviendas modernas, entre Guía y Gáldar.

La zona antigua está en La Hoya, donde se ubican las casas y fincas de La Hacienda de Hoya de Pineda. Tiempo atrás el lugar estaba poblado por grupos diseminados de casas y cuevas.

El centro locero de Hoya de Pineda aparece por primera vez en el padrón municipal de Guía de 1834 y luego en otros censos posteriores tanto en Gáldar como en Guía, siempre localizados en esta zona de Hoya de Pineda.

Existen similitudes entre las tipologías de las loceras de Hoya de Pineda y las de La Atalaya de Santa Brígida, y es que esta actividad fue traída, hacia 1825, por emigrantes de aquel lugar, en un momento de crisis y hambrunas que padecía la Isla. Aquella primera familia de loceros de La Atalaya se establecieron en la banda de Guía (Cuevas del Bujo) y construyeron allí el primer horno; luego, con el crecimiento demográfico de la zona, se fueron excavando cuevas-vivienda en la banda de Gáldar, donde se desarrollaba la actividad alfarera hasta los tiempos recientes. Aquí se conserva un horno de piedra y barro en el que aún se cuecen las piezas elaboradas por la última alfarera, Rafaela Santiago Suárez

La historia del cortijo comienza cuando María de Betancourt, descendiente de los guanartemes, fundó en 1543 el Vínculo de La Hoya de Pineda, mayorazgo que tomó este nombre toponímico por su matrimonio con Jerónimo de Pineda. Un titular posterior, el canónigo José Betancourt, construyó, en este cortijo, en 1759 una pequeña ermita bajo la advocación de San Antonio de Padua. Tras la desamortización liberal en el siglo XIX la ya desvinculada hacienda fue vendida sucesivamente a varios propietarios. Hoy constituye un área agrícola y pecuaria tradicional de gran valor paisajístico y etnográfico, con una superficie de 48 ha en cuyo centro se encuentra una gran casa señorial y dependencias anexas. La techumbre es de dos y tres aguas, con teja del país y levantada con muros de cantería de Gáldar, con una planta en U, en dos pisos con balconada de madera y balaústres que dan a un patio central. A pesar de que es Monumento Histórico Artístico (1985) y Bien de Interés Cultural (1988), se encuentra hoy en el más completo estado de abandono.

Las Canteras

Las canteras están situadas, casi todas, en la base de La Montaña (el volcán) en su vertiente oeste. Suman una docena, aproximadamente, distribuidas en las zonas del Lomo I, Lomo II, Lomo III y Lomo IV, cuyos huecos se han aprovechado, en su mayor parte, como estanques de grandes dimensiones. La zona recibe el nombre de Las Canteras.

Esta piedra volcánica presenta una estructura granular que le da poca resistencia, fractura rugosa de granos gruesos y cristalinos, con un color ocre caneloso.

Se trabaja mediante cortes a golpe de cuñas, que van dejando en los huecos de la cantera formas singulares lo que permite modelar con relativa facilidad escalinatas para los recipientes de agua, porque buena parte de estas canteras eran cedidas para su explotación a cambio de dejar grandes huecos susceptibles de almacenamiento de agua para riego; de ahí la relación canteras-estanques.

El templo parroquial de Santiago (1778- 1826) fue levantado con sillares dorados, extraídos de La Montaña, aunque también se sacaron bloques de piedra azul en las canteras de Las Rosas de Grecia (Piedra del Agua), de donde también extraían adoquines. Y el Teatro, construido en 1912, se levantó con materiales de la cantera de La Audiencia.

Los cantos dorados de Gáldar se extendieron por toda Gran Canaria en la primera mitad del siglo XX, cuando se abarató el transporte mecanizado de pesados volúmenes. La generalización, en los años sesenta, de las fábricas de bloques huecos con argamasa de picón y cemento, la primera de la Isla instalada por Leacock en El Agujero (Gáldar), los relegó al olvido.

Una de las unidades más interesantes es La Cantera de Santiago, situada al final de la calle del mismo nombre. Forma un impresionante recipiente de 30x30x30 metros (27.000 m3), al que se accede a través de un túnel de más de 30 metros que, una vez rebasado, abre una amplia y sorprendente perspectiva desde el fondo hacia el cielo azul, en contraste con los geométricos espacios laterales de negras sombras y ocres rojizos, producidos por los estratos volcánicos y tajos de la extracción. Arriba, en las faldas de La Montaña, se encuentra La Cueva Herrera, una piconera que con el tiempo se transformó en cantera, en dos grandes tajos a cielo abierto. No menos impresionantes son las otras canteras cercanas, utilizadas como estanques, como es La mareta de Tricornia, junto a la carretera que va hacia Rojas. Estos recipientes para el almacenamiento de agua de riego producen perspectivas de sombras, colores y volúmenes que exaltan los vacíos o los llenos, acompañados, a veces, del espectáculo de los chorros de agua que caen en ellos. Los artísticos volúmenes de sus escalinatas, las cantoneras de distribuciones y canales adyacentes coadyuvan a magnificar esa dialéctica relación de la comunidad y su entorno, la Naturaleza. Las canteras de Gáldar se explotan desde siglos atrás, dando, además de un tipo «bloque dorado» propio de los muros de la zona, otro muy popular conocido como «el canto de Gáldar» (20 x 60 x 40 cm aproximadamente), utilizado en muros de diferente naturaleza (casas, fincas, estanques, iglesias…).


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