Arucas - Etnografía

Del patrimonio etnográfico de Arucas se asociadas al agua y la sal, destacan las salinas, la fábrica de ron, la Heredad de Aguas -muestra también de rico patrimonio arquitectónico-, o el trabajo en la cantería, así como las múltiples fiestas y celebraciones tradicionales, siendo las principales las de San Juan Bautista o "sanjuaneras", aunque también son de gran arraigo el Corpus Christi con las alfombras que cubren los adoquines de las calles y la Semana Santa.

Conjunto Riquiánez

La montaña y laderas de Riquiánez conforman un conjunto de bienes etnográficos de primer orden estanques de barro, eras, hornos de teja, etcétera.

Los estanques de barro, visibles desde las carreteras GC-43 y GC-303, están por todas las faldas de la montaña. Se trata de embalses hechos con amplios muros de arcillassedimentos muy impermeables formando un barro conocido en Arucas como masapés. Embutidos en las depresiones del terreno pueden presentar tanto una planta oval como cuadrangular.

Otro conjunto de bienes etnográficos de alto valor son los 7 hornos de teja y ladrillo esparcidos por el lomo de Riquiánez. Hay un conjunto principal de 3 unidades muy próximas entre sí, situadas en la parte más alta. La situación de tantos hornos en este lomo se debe a su riqueza en agua, arcilla (tierra teja) y leña, entre otros.

También fueron abundantes en otras zonas del Norte de Gran Canaria (Moya, Teror, El Palmital de Guía…).

Del primer conjunto de tres hornos, el más importante está situado en la parte más elevada, a 460 metros de altitud. Es el de mayores dimensiones, el mejor conservado y lleva el nombre de El Horno de Riquiánez, activo desde finales del siglo XVIII a principios del XX. Es una estructura cilíndrica de 6 metros de altura por 5,50 metros de diámetro máximo, embutida en la ladera, con una boca inferior por donde se introduce la leña para la combustión en el módulo de abajo u hornilla y una puerta que da al módulo superior, donde se colocan las tejas y ladrillos, para la cocción a cielo abierto. Podría tener una capacidad de 10 a 12 mil tejas por hornada.

Fábrica de Ron Arehucas

Se inauguró el 9 de agosto de 1884 como fábrica de azúcar y aguardientes, siendo su promotor y propietario Alfonso Gourié. Con ella se pretendía dar salida al nuevo modelo económico de la caña dulce tras la quiebra de la explotación de la cochinilla.

En 1909, cuando ya el comercio del azúcar estaba en decadencia, mejoró el sistema de destilación del aguardiente con un alambique de la Casa Egrot (París), momento en que el ron comenzó a consolidarse como bebida popular en la Isla.

En su recinto se ubica hoy un Museo del Ron donde se exponen alambiques, antiguas barricas e imágenes retrospectivas de Arucas.

Antes de la Primera Guerra Mundial el negocio del azúcar ya estaba en crisis, siendo progresivamente sustituidos los cañaverales por las plataneras y después de la contienda bélica, hacia 1920, no quedaba en la Isla ninguna fábrica azucarera.

La máquina azucarera de la Fábrica de San Pedro fue desmontada y vendida aunque mantuvo intacto sus alambiques. Luego, hacia 1940, se reabre para el mercado del ron canario gracias a Alfredo Martín y, a partir de 1965, se reflota como entidad mercantil Destilerías Arehucas S.A. que adquiere la Fábrica de San Juan de Telde con el producto Ron de Telde.

Las canteras del cerrillo

De la docena de canteras que tenía este municipio, las más importantes estaban en La Fula (de fractura rugosa y color blanquecino), en El Cerrillo-Los Callejones y en El Lomo de San Pedro (de granos cristalinos y color gris azulado).

Se usan en trabajos de cantería por las cualidades de su corte, resistencia al paso del tiempo y el efecto artístico de sus flamas (fragmentos vítreos).

Las canteras visitables están a pocos metros del centro histórico de la ciudad, en la cercana zona de El Cerrillo, en el Camino de Los Callejones.

En el número cuatro del Camino de Los Callejones encontramos una cantera de la empresa creada por antiguos labrantes, Mecohersan, que ofrecen un recorrido didáctico sobre el proceso de extracción y labrado, y cerca de ésta se halla la cantera más importante, hoy cerrada.

En el Lomo de Tomás León existe una explotación industrial de cantería con maquinaria moderna que produce otra textura.

La cantería de Arucas es conocida desde los primeros siglos de la colonización europea y generó a lo largo del tiempo una vieja tradición y técnicas transmitidas de padres a hijos, centrada en los barrios de El Cerrillo y La Goleta.

La alusión a la emblemática piedra grisazulada de Arucas, es constante en cualquier guía histórica de Arucas arquitecturas domésticas, religiosas, públicas e hidráulicas, obras de ingeniería, tallado artístico, etcétera. Una piedra que, en veleros, desde El Puertillo se embarcaba hacia otras Islas y que llegó hasta el Nuevo Mundo.

En Canarias son muchas las obras arquitectónicas que utilizan la cantería de Arucas, el ejemplo más notable lo constituye la obra neogótica de la iglesia de San Juan en esta ciudad.

Pozo del Pino

Gran Canaria presenta una singular densidad de pozos, algunos muy profundos con dos o tres centenares de metros. En Arucas se contabilizaban 140 unidades con motores y bombas muy antiguas de elevación de aguas, joyas de la arqueología industrial con buena parte de sus pozos forrados con cantería azul y de alto valor artístico y etnográfico.

Uno de ellos es El Pozo del Pino, que está casi en el casco urbano de la ciudad junto al puente de la carretera de Visvique-Teror. Conserva intacto un sistema de extracción de aguas subterráneas de casi un siglo.

Otro ingenio hidráulico es la recogida, por la propia gravedad, de las aguas pluviales del barranco, mediante un sistema de aljibes y filtros, con una tubería de sifón.

La sala de máquinas es un auténtico museo industrial aunque se está deteriorando.

Se mantienen, en cambio, todos los bienes de equipo de mecánica y taller (fragua, taladros, herramientas, etcétera) pues era una unidad de producción muy capitalizada por las inversiones realizadas por su primer propietario, Pedro Hernández, que conformó una sala de máquinas modélica en Canarias, con lo que estamos ante un excepcional patrimonio etnográfico-industrial.

Presas del Pinto

Las dos Presas del barranco del Pinto se encuentran en el perímetro de la ciudad a unos centenares de metros del casco histórico. Ambas fueron construidas por la Heredad de Aguas de Arucas y Firgas.

La presa de abajo es la más importante, la primera gran obra hidráulica de los tiempos modernos en Canarias. Se construyó entre 1899 y 1906, bajo la dirección del ingeniero aruquense Orencio Hernández Pérez. En 1909 se empezó a levantar la presa superior que por problemas con el terreno volcánico adyacente no contiene suficientemente las aguas embalsadas. Sus muros se levantaron con sillares de piedra azul del lugar.

Heredad de Aguas de Arucas y Firgas

Se trata de una de las heredades de aguas más antiguas y emblemáticas de Canarias. Fue creada después de haberse regulado la distribución de las aguas asignadas, en los primeros repartimientos, a las tierras bajas de la Isla mediante la figura de los heredamientos.

A mediados del siglo XVII, el 44% del grueso de la producción iba a las tierras del Mayorazgo y el resto se fraccionaba. A mediados del siglo XIX, las aguas del Mayorazgo de Arucas quedaron libres, por lo que su propiedad comenzó a venderse y fraccionarse. Para repartir tanto fraccionamiento del agua La Heredad fue necesitando de más distribuidores o cantoneras.

A lo largo de la acequia real de esta heredad, entre Firgas y Arucas, se fueron levantando un total de 9 molinos harineros de agua, casi todos hoy en ruinas, lavaderos, decantadores, presas y estanques para almacenar las aguas.

Salinas del Bufadero

Las salinas de Bufadero datan probablemente del siglo XVII y forman parte de un conjunto de seis salinas ubicadas en este litoral, siendo éstas las que más han perdurado por su ubicación y morfología.

Están sobre una amplia y escalonada plataforma lávica y en ellas se produce un doble sistema cristalizador los charcos de captación o maretones en el nivel inferior y los cristalizadores, con cordones de piedras y barro, denominados maretas.

Los maretones están muy cerca de la orilla para que en pleamar las olas lleguen a ellos. Aquí, aparte de captar el agua ésta se va saturando. El agua, ya más condensada se trasladaba a hombros desde los maretones hasta la mareta donde se produce la cristalización.

Las salinas sobre roca constituyen un endemismo etnográfico por su primaria tecnología y modelo de asentamiento. Son un valioso ejemplo de una actividad económica tradicional muy antigua, con estructuras inalteradas hasta hace poco tiempo por lo que están catalogadas como Bien de Interés Cultural.