Artenara - Etnografía

Cuevas, bancales y las actividades como la alfarería forman parte del importante patrimonio etnográfico de Artenara.

Centro Locero

Las Hoyas-Lugarejos y Barranco Hondo es una zona conocida en toda la Isla por haber desarrollado, desde muy antiguo, una destacada actividad locera con una tipología propia.

Con el pinar de Tamadaba cercano que aportaba leña, las arcillas rojas (La Hoya de Los Tejeros) y aguas abundantes, un grupo de familias se dedicaban a fabricar loza, en guisaderos (hornos) a cielo abierto o en pequeños abrigos o cejos. La mercancía se comercializaba en los pueblos de la costa y del interior.

La sangría emigratoria de los años sesenta y setenta, sin embargo, fue mermando esta centenaria actividad. En la larga tradición de artesanos que han destacado en la elaboración locera de este poblado troglodita, podemos citar a Teresa Dolores Suárez (La Cieguita), Manuela Santana Cabrera, Carmela Lugo Medina y Justo Cubas Cubas

Patrimonio troglodita

Gran Canaria cuenta con un asombroso y variado patrimonio troglodita: casas-cueva, cuevas-pajar, cuevas-alpendre, tanques-cueva,... Son bienes etnográficos y arquitectónicos extraordinarios que aún se conservan en los municipios de Artenara, Tejeda o San Mateo, entre otros. Su importancia se constata, además, por las toponimias tan diversas a las que ha dado lugar en la isla: Cuevas Bermejas, Cuevas Blancas, Cuevas Negras, Las Cuevas, etcétera.

Los diferentes habitáculos-cueva suman en las cartas etnográficas municipales un total de 108 conjuntos de casas-cueva aunque el número real asciende a 2.192 unidades, con mayor densidad en Artenara (17%), según el inventario elaborado en 1996, por la Dirección General de Patrimonio Histórico Artístico del Gobierno de Canarias. No existe municipio en Canarias con más tradición urbana troglodita que Artenara, cuyas raíces se remontan al pasado aborigen.

Hasta principios del siglo XX, la casi totalidad de viviendas eran cuevas; en 1850 sólo había dos casas de muros de mampostería frente a unas 500 casas-cueva. Las cuevas eran labradas a pico por gente especializada, los piqueros, oficio tradicional muy arraigado en las cumbres que cuenta con un monumento en Artenara.

Muchos son los autores y viajeros que se han ocupado de las cuevas de Artenara. El escritor, botánico e historiador canario José de Viera y Clavijo (1731- 1813), escribía, en su Historia de Canarias, en el siglo XVIII: «La planta del lugar es rarísima. En medio de una gran montaña se alcanza a ver unos agujeros a manera de nidos de aves. Estos vienen a ser gran número de cuevas en fila (…)».

Domingo Doreste Rodríguez "Fray Lesco" (1868-1940), dijo en 1940: «Artenara. Preguntaréis por las famosas cuevas. No se ven. Hay que descubrirlas en las quiebras de las montañas, como las colmenas naturales (…)». Este mismo autor llegó a confesar más tarde que «siempre he ambicionado poseer tres o cuatro cosas en la tierra. Ahora deseo una más: poseer una cueva en Artenara» (Crónicas de «Fray Lesco», (Artenara, la invisible), 1954). Además, cuenta con la advocación de la Virgen de la Cuevita. Su referencia más antigua aparece en 1794, como Nuestra Señora de la Cuevita, una imagen situada en una oquedad muy reducida que fue ampliada entre 1858 y 1868.

El Santuario de la Virgen de La Cuevita

El Santuario aparece hoy como una espaciosa cueva descrita en el apartado de patrimonio arquitectónico.

La devoción a la Virgen de La Cuevita frente a la del patrono San Matías, fue cobrando fuerza a lo largo del siglo XX. En 1963, los grupos folklóricos de toda la Isla la proponen como Patrona de Agrupaciones Folklóricas de Canarias, con fiestas, ofrenda y homenaje al folklore musical. En 1965 es declarada Patrona del Ciclismo de Gran Canaria. En la actualidad, es una de las fiestas más populares de la Isla.


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