Agüimes - Arqueología

Cuevas del Gigante

En las proximidades de la carretera que lleva de Temisas a Santa Lucía se encuentran las Cuevas del Gigante, conjunto habitacional formado por de tres cuevas artificiales y de grandes dimensiones.

Su tamaño, la altura de los techos, así como su peculiar morfología, hace que se planteen algunas dudas sobre la funcionalidad que pudo tener este lugar, ya que, al menos en apariencia, no responde al esquema descrito en otros lugares para las cavidades artificiales de habitación.

Dentro del conjunto cabe destacar la cámara principal que presenta dos salas comunicadas entre sí, a la que se llega desde una abertura en el techo, y una especie de escalera de caracol labrada en la toba.

Ermita de San Antón

Las intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en las inmediaciones de La Plaza de San Antón de Agüimes en los años 1998 y 1999 pusieron de manifiesto importantes depósitos estratigráficos, con abundante material, que han permitido comprobar que en el subsuelo de la Villa aún se conservan parte de los vestigios del Agüimes prehispánico: cerámica pintada de excelente calidad, abundantes restos de fauna marina y terrestre, elementos de molturación (molinos y morteros), así como semillas de cebada constituyen las pruebas más evidentes de la importancia de este enclave como lugar de habitación.

Entre los siglos XVI y XVII, diversos legajos hacen referencia inequívoca a la existencia en las inmediaciones de este lugar, especialmente entre la Plaza de San Antón y la Iglesia de San Sebastián, de casas de canarios o casas hondas a las que se continuaba dando uso en esas fechas.

La Audiencia

El conjunto de La Audiencia o Risco Pintado está muy cerca del pueblo de Temisas. Se trata de un conjunto de cuevas artificiales de diversos tamaños y morfologías que incluyen graneros –como las Cuevas del Pósito- y lo que algunos autores considerar un tagoror, o lugar de reunión de los antiguos canarios –en la base del Risco Pintado-

Uno de los hallazgos más significativos de los localizados en estas cuevas es la gran abundancia de tejidos elaborados sobre fibras vegetales.

Se trata de un poblado de cuevas labradas artificialmente en la toba. Estas cavidades muestran una complejidad semejante a la de otros conjuntos, localizándose cuevas de diversos tamaños y morfologías, a las que, pueden atribuirse diferentes funciones (dormitorio, cocina, etc.).

Como suele ser habitual se localizan graneros, siendo su ejemplo más significativo las denominadas Cuevas del Pósito. Su visita permite tener una visión clara de la importancia de estos lugares de almacenamiento, lo cuidado de su ubicación y las medidas tomadas para garantizar la integridad de los productos allí almacenados ante cualquier evento que pueda ponerlos en peligro.

El amplio pasillo que en la actualidad constituye el acceso más fácil para El Pósito es una apertura reciente. La zona de entrada originaria es posible observarla en la segunda oquedad descrita, correspondiendo a un estrecho paso con escalones labrados.

Los Letreros de Balos

Sin duda, uno de los rasgos más destacables del patrimonio arqueológico de esta zona suroriental de la isla es la notable concentración de manifestaciones rupestres. El yacimiento de Los Letreros, en la confluencia del Barranco de Temisas con el de Balos, es el más importante conjunto de grabados de este tipo en Gran Canaria.

El yacimiento reúne un amplio abanico de tipos de grabados con forman humanas, animales, geométricas e inscripciones alfabéticas, estas últimas asociadas al líbico bereber norteafricano.

Es sumamente complicado ofrecer una interpretación de estos grabados, si bien se asimilan a prácticas mágico-religiosas orientadas a propiciar determinados factores naturales como la fecundidad.

El soporte natural de estos petroglifos es un macizo basáltico, de más de 600 metros de longitud.

El yacimiento de Los Letreros reúne en el mismo conjunto prácticamente la totalidad de la tipología de grabados conocidos hasta el momento en Canarias, a excepción de los espiraliformes de la isla de La Palma. De este modo, pueden observarse en el lugar grabados antropomorfos, algunos de ellos sexuados. Las figuraciones humanas son representadas, en ocasiones, con cierto naturalismo. Entre las figuras calificadas como zoomorfas han de considerarse los identificados como lacértidos.

La representación de estos animales suele hacerse mediante un trazo vertical al que cortan perpendicularmente otras dos o tres líneas. Las inscripciones alfabéticas, asociadas al líbico bereber norteafricano (alfabeto tifinagh), son relativamente frecuentes en este conjunto rupestre. Normalmente, las líneas de signos aparecen con una orientación vertical. Como sucede en el continente, corresponde a una escritura silábica, que por el momento no ha podido ser descifrada.

De igual modo, en Balos están presentes los grabados geométricos, que van desde líneas simples a motivos más complejos como ramiformes, meandriformes, óvalos, etc. La técnica de ejecución más frecuente de los motivos descritos es el picado (continúo y discontinuo) que se realizaría con instrumentos de piedra. En menor proporción se utiliza la incisión y el raspado.

Es sumamente complicado ofrecer una interpretación de estos grabados, si bien se asimilan a prácticas mágico-religiosas orientadas a propiciar determinados factores naturales (fecundidad, etc.)

El progresivo conocimiento de este tipo de manifestaciones y de las formas de vida que los generaron contribuirá a que en un futuro puedan resolverse algunos de los interrogantes que hoy en día plantean.

Montaña de Arinaga

Otro espacio de interés arqueológico ubicado en este entorno son las cuevas artificiales de la Montaña de Arinaga. Se trata de un conjunto de cuevas de habitación labradas en la roca.

En sus proximidades y claramente vinculado a este conjunto, en un lugar conocido como Punta de la Monja, se localiza uno de los escasos ejemplos de "concheros" conocidos en Gran Canaria. Éstos corresponden a importantes acumulaciones de materiales, especialmente conchas de moluscos, que se asocian a la explotación de los recursos marinos, complemento proteínico idóneo de la dieta habitual de los habitantes prehistóricos de Gran Canaria.

Todo este espacio presenta un elevado interés, ya que además de los yacimientos arqueológicos, se localizan algunas salinas, así como diversos hornos de cal. Constituye un área con un indudable valor histórico que permite conocer como la población que habitó, a lo largo de los siglos, en esta comarca del sudeste de Gran Canaria hizo uso de este medio y de los recursos que éste les ofrecía. Es por ello una muestra evidente de los diversos mecanismos de adaptación emprendidos por una población que ha tenido que aprovechar el máximo rendimiento de su entorno natural en función de sus necesidades.

Morro del Cuervo

En Morro del Cuervo o Morro Chico, en la montaña de Agüimes, se encuentra una de las estaciones rupestres más destacadas de la zona, donde se han identificado al menos seis paneles de grabados. Las representaciones más abundantes son las figuraciones humanas, entre las que destaca el conocido como "Hombre de Guayadeque", que se ha utilizado como logotipo o símbolo de identidad.

Morros de Ávila

En las cotas más elevadas de la Montaña de Agüimes, entre Agüimes y el Carrizal de Ingenio, se encuentra ubicado uno de los enclaves más significativos de este entorno, conocido como Morros de Ávila. Dentro de este conjunto destacan dos cuevas artificiales de grandes proporciones. La primera, dividida a su vez en dos estancias que conservan en sus paredes restos de pinturas formando una especie de friso de motivos triangulares en blanco sobre un fondo de rojo almagre. En la segunda cueva, de una sola habitación, también se conservan restos de pintura.

La cueva dividida en dos estancias, ha sido excavada hasta un nivel más bajo que el exterior y presenta una forma irregular con una especie de alacena en una de las paredes. La siguiente es sensiblemente rectangular con una alacena triangular y un pequeño silo y otra puerta actualmente tapiada con piedras. La segunda cueva, anterior, está medio enterrada y se compone de una sola habitación con una alacena en el fondo derecho. En las paredes se conservan restos de dos franjas horizontales de rojo y blanco, a modo de friso que las recorriera en su totalidad. Más curioso todavía es la cantidad de huecos redondos y rectangulares que se han excavado en la parte inferior de las paredes y en el suelo. En el exterior de dichas cavidades pueden observarse muros de piedra seca, algunos de cuyos paramentos pueden tener un origen prehispánico.

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