Estas cinco tallas flamencas de Era de Mota formaban parte del antiguo Retablo de María Fernández Calva situado en la Capilla de San Bartolomé, hoy dedicada al Corazón de Jesús, en la Iglesia de San Juan de Telde. Esta capilla comenzó a edificarse a inicios de 1538 por María Fernández Calva, hija del conquistador Alonso de Zorita. Tras finalizar la construcción se procedió a la colocación de este retablo, probablemente, hacia finales del segundo cuarto del siglo XVI.

Fue Cristóbal García del Castillo, su futuro yerno, quien trajo desde Flandes este retablo, al igual que importó desde talleres flamencos otras piezas tales como “Retablo de la Vida de la Virgen e Infancia de Cristo” y el “Tríptico de la Adoración de los Pastores” pintado por Michiel Coxcie. El objetivo era dotar a la Iglesia de San Juan en Telde de piezas artísticas de gran nivel técnico y artístico que moviesen a la devoción a sus feligreses.

En la época del Párroco Juan Jiménez Quevedo (1864-82) se desmanteló este retablo y es probable que algunas de sus piezas pasaran a manos del Clérigo Cristóbal Suarez González que las colocó en su Oratorio privado, erigido en honor de Nuestra Señora de la Salud en Era de Mota. Esto explica el nombre de las tallas.

La presencia en las Islas Canarias de este tipo de piezas procedentes de los antiguos Países Bajos se debía a las relaciones socioeconómicas derivadas del comercio del azúcar canario en los mercados del norte de Europa.
Conviene recordar que tras la conquista castellana se concedió prioridad al cultivo de la caña de azúcar de manera que surgió un grupo o élite social dominante que era propietario de extensas plantaciones de caña con sus correspondientes ingenios de azúcar. Este grupo importó todo tipo de piezas devocionales de los Países Bajos porque además de contar con los medios económicos para hacerlo tenían la obligación de dotar a las iglesias de los elementos necesarios para fomentar la fe católica. Estos factores explican que desde finales del siglo XV aparezcan en Canarias este tipo de manifestaciones artísticas.

Las cinco tallas flamencas de Era de Mota no son esculturas de bulto redondo, en realidad son altorrelieves realizados para ir anclados en un retablo. Son piezas realizadas en madera de roble, policromadas al óleo y doradas al agua. Están perfectamente talladas salvo en la parte trasera ya que irían adosadas al resto del Retablo al que pertenecían. Su fecha de realización se fija entre 1500 y 1510.

Se sabe que su procedencia es Amberes ya que cada talla lleva en la madera, concretamente sobre la cabeza una pequeña mano grabada. Este símbolo es el sello que certificaba la buena calidad de la madera que se otorgaba en la ciudad de Amberes.

Cuatro de las tallas son del mismo tamaño: “Santa Lucía”, “Santa Catalina de Alejandría”, “Santa Clara de Asís” y “San Bernardo”. La quinta talla es más pequeña y representa al apóstol” Santiago el Mayor.” Sus fisonomías responden a ciertos estereotipos donde priman los óvalos faciales, los rasgos dulces y la abstracción de sus expresiones.

Se observan cabelleras rizadas de manera convencional, ropajes gruesos de paños con pliegues muy angulosos y duros que se asemejan a los que puede contemplarse en la pintura flamenca o en la obra de Roger van der Weyden, a quien se considera el autor que marcó las pautas estéticas de la plástica nórdica de este periodo.
La talla de Santa Lucía es la que ha sufrido la mutilación del brazo izquierdo, mientras que en su brazo derecho lleva un libro. Destaca por su actitud elegante y la delicadeza de sus facciones.

La talla de Santa Catalina de Alejandría, patrona de la madre de la donante, adopta una postura parecida a la de Santa Lucía, ya que arquea el cuerpo mientras avanza la pierna izquierda. Ha perdido su mano derecha y en la izquierda lleva un libro cerrado. A sus pies emerge la figura reducida del emperador Majencio.

La talla de Santa Clara ha perdido una parte del rostro y la mano izquierda, que era donde llevaría un libro o un báculo. Como fundadora de la Orden de las Clarisas lleva el hábito franciscano y en su mano derecha porta un ostentorio eucarístico que hace referencia al que esgrimió para repeler a los sarracenos.

La talla de San Bernardo lleva en su mano izquierda el libro abierto de la Regla. Destaca la enorme calidad técnica en el tallado y policromía del rostro, donde se aprecian unos ojos rasgados y una actitud melancólica. El cabello está distribuido en mechones acaracolados que forman un cerco alrededor de la cabeza dejando ver la musculatura del cuello y las orejas.

La pequeña talla del Apóstol Santiago el Mayor es la única que se conserva de la serie de apóstoles que integraban el desaparecido Retablo, del que hemos hablado anteriormente. Siguiendo la iconografía tradicional, se le representa vistiendo una túnica de manga larga y un amplio manto con el que también se cubre la cabeza. En la mano derecha lleva un cayado y su bordón. El tratamiento de las facciones destaca por su expresividad y por captar la madurez del apóstol representado.