El complejo arqueológico troglodita de Risco Chapín, ubicado en los municipios de Artenara y Tejeda, constituye una unidad bien definida, tanto bajo el punto de vista geomorfológico, como del cultural-patrimonial. La unidad geomorfológica de acogida es el tramo superior de los escarpes que conforman gran parte del borde norte de la Cuenca de Tejeda.

En concreto, Risco Chapín conforma la cabecera de la cuenca del Barranco de Juan Fernández, delimitada al este por el Picacho de la Macha y al oeste por la Montaña de Artenara. Bajo un punto de vista cultural, el conjunto troglodita de Risco Chapín conforma un continuo de ocupación humana que, desde los enclaves de las Cuevas del Caballero y Cueva del Cagarrutal en su extremo este, hasta el enclave del Granero de la Montaña de Artenara en el extremo oeste, y con el enclave de la Cueva de los Candiles entre ambos, constituye uno de los ejemplos más destacados de diversos aspectos culturales propios e identificativos de la Gran Canaria prehispánica.

Por otro lado, desde una perspectiva histórica y espacial, no se puede desvincular Risco Chapín de la más que probable ocupación prehispánica del actual casco histórico de Artenara y del hábitat en cueva natural y artificial que caracteriza al modelo de habitación de toda esta zona del centro de Gran Canaria.

Amén del hecho de haber sido un espacio construido y ocupado por los pobladores de la isla anteriores a la conquista castellana, con una probada reutilización en etapas posteriores, el conjunto de Risco Chapín es un exponente altamente representativo de la práctica de la construcción de cuevas artificiales, con unidades de extraordinaria calidad formal y gran complejidad estructural y para fines habitacionales y de almacenaje de recursos, con más que probables ejemplos de espacios destinados a la práctica de rituales mágico-religiosos, bien de manera exclusiva, bien en convivencia con las funciones habitacionales sincrónica o diacrónicamente. En este último sentido, la práctica totalidad de las cuevas del conjunto muestran, en mayor o menor grado, algunos de los mejores ejemplos existentes en Gran Canaria de grabados rupestres de triángulos con el vértice superior invertido, además de cúpulas y cazoletas horadadas en suelos y paredes.

Estas manifestaciones culturales han sido interpretadas histórica y antropológicamente, bajo el punto de vista iconológico, como elementos vinculados a creencias y cultos en torno a la fertilidad humana y ecológica, propiciatorios de la regeneración de cuantos recursos son necesarios para la existencia en sociedades agropastoriles; todo ello teniendo como elemento iconográfico principal el triángulo púbico femenino esquematizado, con o sin representación de la vulva. En relación a esto, destaca el hecho de que Risco Chapín sea el punto por el que desborda el mar de nubes hacia el interior de la cuenca de Tejeda, no descartándose que esta especial relación con tal fenómeno climático pueda haber influido en el significado espiritual de este enclave para la población prehispánica.

Esta materialización de lo que, sin duda, fue un complejo sistema de creencias religiosas de las que apenas ha quedado rastro, es lo que otorga gran parte de su valor cultural a la zona arqueológica de Risco Chapín. Por otra parte, cabe señalar que tradicionalmente en la zona de Artenara siempre se ha vinculado este espacio a la práctica de rituales de magia o brujería. En este amplio marco geográfico y cultural se insertan cinco enclaves principales cuyas denominaciones son, desde este a oeste, Cuevas del Caballero, Cueva del Cagarrutal, Cueva de los Candiles, Cueva de las Brujas y Granero de la Montaña de Artenara.