En Gran Canaria se conservan un total de 21 órganos históricos que son un claro reflejo del inmenso patrimonio musical e instrumental que ha generado la Iglesia a lo largo de quinientos años. Existen órganos dieciochescos alemanes como el de la Ermita de San Telmo o el de Valleseco, pero el de Guía tiene la peculiaridad de ser el único órgano de estilo italiano que perdura en Gran Canaria. Es un claro exponente, además, de la organería italiana de la segunda mitad del siglo XIX.

Combina las características del Órgano clásico italiano y la manufactura industrial decimonónica en su aspecto constructivo. Es un órgano con tres teclados, dos para las manos y uno para los pies. Su orquestación está hecha a base de gambas, violines y flautas. En el segundo teclado auxiliar, el superior está hecho de violines y gambas mientras que el inferior o principal es de flautas y octavas. Giuseppe Mola utilizó una gran variedad de maderas y metales de calidad que se escogieron en base a sus cualidades específicas para generar el mejor sonido posible. Se empleó madera de tilo, arce blando y duro, roble, nogal, cedro y cerezo. El material de los tubos interiores es el estaño al 96% mientras que el tubo mayor de la fachada que pesa entre 12 y 14 kilos es de estaño puro. Las aleaciones de estaño y plomo buscaron la mayor calidad tímbrica posible.

Este órgano fue inaugurado el 14 de enero de 1900 con un concierto en la Iglesia ofrecido por el compositor francés Camilo Saint-Saens, que pasaba temporadas en Santa María de Guía. Este músico fue quien recomendó la casa fabricante “Giuseppe Mola” de Turín.

El órgano costó 2.952,80 pesetas y se pagó con suscripción popular y con donantes como Don Gregorio Chil y dos ingleses relacionados con la industria del azúcar de Lomo Guillén, Mr. Jhons y Mr. Bartier. Desde 1902 el organista contratado fue Don Juan Bautista Palenzuela, que cobraba 18,75 pesetas al mes, y como fuellista Don José González Silva, al que pagaban 2,5 pesetas.

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