Para la Prehistoria de Gran Canaria, es un hecho frecuente la constatación de grandes cementerios de túmulos en zonas de malpaís aprovechándose las piedras del entorno para su elaboración.

La Necrópolis de Arteara ocupa un territorio de dos kilómetros de largo por uno de ancho. Está situado junto al pueblecito de Arteara, en un paraje en el que contrasta el color verde del palmeral con la dureza de la roca, lo que le confiere una singular belleza. Por muchas razones constituye una de las visitas obligadas de Gran Canaria.

Este yacimiento funerario prehistórico lo conforman más de un millar de estructuras tumulares. Un porcentaje muy elevado de las estructuras son túmulos simples, es decir, un espacio funerario protegido luego por un amontonamiento de piedras. No obstante, no presentan una homogeneidad total, sino que su adaptación a las características del terreno hace que existan ciertas diferencias entre ellos (túmulos exentos, adosados a afloramientos rocosos, etc.), adoptando formas troncocónicas, ovoides, etc. La deposición de un sólo cadáver en cada una de estas estructuras parece ser el hecho más habitual, aunque también existen ejemplos en los que se localiza más de un individuo.

Una muralla elaborada en piedra seca, y de la que aún se conservan algunos tramos, circunda toda la necrópolis. La existencia de este elemento de definición reafirma el carácter simbólico que Arteara, al igual que el resto de los conjuntos sepulcrales, debió de tener para los habitantes prehistóricos de Gran Canaria.

 

Dataciones Arqueológicas

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