La necesidad de supervivencia obligó a buscar agua en los cursos subálveos (subfluviales) del barranco de Fataga, seccionándolo con varias minas cuyas aguas se conducían hasta la costa a través de un acueducto. En el cauce bajo destaca la Mina de Arteara, gestionada por la heredad del mismo nombre para irrigar las parcelas de cultivo que se hallan dentro del oasis. Más abajo, a pocos kilómetros de la costa, la Mina Vieja y la Mina Nueva.

Los acueductos de Fataga-Maspalomas constituyen una de las canalizaciones hidráulicas más extraordinarias de Canarias, tanto por su arriesgado trazado sobre el risco como por su efecto plástico.

La capacidad y trasvase de agua de este conjunto hidráulico podía llegar a los 200 litros por segundo. Sin ella no se explica la fertilidad de que, desde muy antiguo, era objeto la zona de regadío de la gran hacienda de San Fernando de Maspalomas, propiedad del Condado (1.443 hectáreas).

Para localizar este valioso bien patrimonial desde Maspalomas tomamos el barranco hacia arriba y, por la derecha, ya se observa la canalización. Cuando llegamos a la confluencia del barranquillo de Los Vicentes con el de Fataga, a los 750 metros, comenzamos a ver los espectaculares arcos frente a la zona de una industria de extracción y trituración de áridos. Más arriba, a unos dos kilómetros, aparecen los azudes y las bocas de las dos minas. Y a unos 50 metros, junto a la pista, tres campanas o lumbreras de ventilación de las minas, separadas unas de otras entre 50 y 75 metros. La Mina Nueva presenta una entrada de 0,50 metros de ancho por 1 metro de alto, y avanza hacia el interior con paredes de mampostería en seco y techo de lajas, toda una perfecta construcción.

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