Este conjunto arqueológico está situado en el margen izquierdo del barranco de Mogán, cerca de la playa, y está integrado por varios núcleos: un pequeño poblado de casas de piedra seca en la zona denominada Cañada de los Gatos; una necrópolis de túmulos; algunas pequeñas cuevas naturales de enterramiento, Las Crucecitas, donde se recogieron restos de al menos doce individuos, de los que dos eran niños fallecidos en torno a los 3 y 5 años de vida; y un poco más elevada y separada del resto, la casa de las Siete Esquinas.

El yacimiento del Lomo de los Gatos es conocido desde el siglo pasado. Actualmente, sólo existen restos en la orilla izquierda. En la Cañada de los Gatos aparecen varias casas cruciformes agrupadas, sin techumbre, pero en buen estado de conservación. En las proximidades de este espacio, en la misma ladera, pero hacia el interior, se localiza la necrópolis de Las Crucecitas.

Las primeras noticias disponibles en relación con este yacimiento datan de fines del S. XIX cuando fue visitado por Víctor Grau-Bassas, el cual nos ha dejado, además, varios dibujos de los túmulos y de otras extrañas construcciones macizas que interpreta como monumentos funerarios, algunas de ellas coronadas por tres piedras rojas. Una parte significativa de los túmulos localizados en este emplazamiento responde al tipo más simple, constituidos en su morfología externa por un amontonamiento de piedras. A ellos se sumaban varios túmulos de mayor complejidad, conformados a partir de gradas y torreón central.

Uno de los espacios más interesantes de Las Crucecitas es una "cista osario" que el comisario provincial describe en el momento de su excavación como "una cámara sepulcral de formación pétrea, de 1,95 metros de largo por 0,80 metros de ancho por 0,54 de alto". Los restos humanos que se encontraban en ella, de al menos doce individuos, estaban "colocados en desorden, destacando las calaveras que aparecían juntas".

Por último, en la parte superior del Lomo, ya sobre la carretera que viene de Puerto Rico, merece destacarse la denominada "Casa de las Siete Esquinas" o "El Caserón", en la que puede observarse una evidente selección de la materia prima empleada para su edificación, así como el extremo cuidado puesto en esta labor. Esta construcción pone de relieve el dominio por parte de los canarios de las técnicas constructivas, nada toscas ni primitivas, así como la diversidad de soluciones arquitectónicas que desarrollaron a fin de adecuar estos espacios habitacionales a sus necesidades cotidianas.