La Iglesia Basílica de Nuestra Señora del Pino, de lenguaje barroco, situada en la plaza principal de la Villa, sustituyó a una primitiva ermita de una sola nave, construida hacia 1481 junto al pino donde, según la leyenda, apareció la Virgen. Esta ermita estaba en ruinas y fue sustituida en 1600 por una iglesia con tres capillas, camarín y coro. En 1708 se le anexionó la torre que hoy conocemos.

El autor fue el ingeniero militar Antonio de la Rocha, quien dirigió las obras entre 1760 y 1767, años en que en la arquitectura de las islas se comienzan a depurar algunos elementos propios del lenguaje barroco tardío. El edificio presenta la novedad del camerino de la Virgen, situado tras un altar barroco y con un llamativo artesonado mudéjar. La iglesia actual pasó a ser basílica por nombramiento de Benedicto XV el 12 de enero de 1916.

Es un edificio de planta basilical con tres naves -siendo la central más ancha que las del Evangelio y la Epístola- separadas por una arquería de arcos de medio punto y cubiertas a dos aguas. El alzado principal tiene dos cuerpos que se diferencian por su composición, por elementos de lenguaje y por el color de la piedra. Así, la torre adosada, erigida en 1708, es de rasgos góticos con base poligonal y construida con piedra amarilla del lugar. Se forma con cuerpos decrecientes, superpuestos, y separados por molduras y rematada en chapitel. Su traza responde al tipo de los campaniles de la antigua catedral de Las Palmas, ya inexistentes, y ha quedado como recuerdo de la anterior iglesia, aunque en el momento de su construcción hubiera supuesto un arcaísmo.

Los elementos ornamentales del cuerpo principal son barrocos y se mantiene cierto atavismo en la alternancia del paramento con la piedra. Sin embargo, hay elementos novedosos como la ventana central que dobla la cornisa. Este alzado se articula en vertical a través de pilastras, dando lugar a una composición tripartita en la que destacan el cuerpo central por su proporción, la dimensión del cuerpo puerta-ventana en un mismo paño de cantería, el remate con un paño de cantería entre ménsulas y el campanario.

Además de todos los elementos compositivos del alzado, también son en cantería el zócalo, las pilastras en esquina, la cornisa y el paño bajo esta, la balaustrada entre pretiles y los jarrones. Todos los huecos del alzado principal son de medio punto y se le superponen otras líneas con cornisamento, que dan ese carácter ornamental al alzado. El papel representativo del alzado tiene que ver con ceremonias dedicadas a la patrona en el exterior del templo, y de ahí que la fachada juegue a ser el escenográfico telón de fondo en la perspectiva de la calle principal. Por su parte, los alzados laterales se componen con variedad de huecos -ventanas de arco rebajado o adintelado y puertas en arco de medio punto- y en un juego entre simetrías y disimetrías, según los paños, que se enmarcan con pilastras y contrafuertes. Por tanto, se repite en estos alzados la combinación entre paños encalados y en cantería.

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