Las aguas termales de la llamada Fuente Santa, entre Firgas y Moya, junto a las de Teror o Los Berrazales, eran conocidas desde siglos atrás, apreciadas también por sus propiedades digestivas y medicinales. Pero la historia reciente del balneario no comienza hasta 1868, cuando se construyó el Hotel Balneario de Azuaje y, con él, la sucesiva creación de accesos cada vez mejores, como el Camino de la Capellanía (1866) o el enlace por carretera desde Buen Lugar, con un espectacular viaducto para salvar el barranco (1907).

Sus instalaciones estaban situadas unos 300 metros aguas arriba del puente o viaducto del barranco de Azuaje, entre los municipios de Firgas y Moya. El balneario generó una oferta alojativa de fondas ocupadas por bañistas que se desplazaban hasta el fondo del barranco a lomo de animales. Un momento en el que Canarias se consolidaba como lugar privilegiado para un turismo europeo de salud, mientras que los canarios acuden al lugar especialmente en el período de la luna de miel.

Las instalaciones se cerraron en torno a 1938 por razones sanitarias y las circunstancias negativas de las contiendas bélicas. La situación económica posterior imposibilitó su reapertura oficial, aunque continuaron siendo utilizadas por la gente del lugar, donde se hacían bailes hasta principios de los años cincuenta. Sin embargo, la enorme riada causada por el temporal de octubre de 1955 destrozó los baños. Este espacio se enmarca en un espacio geomorfológico y botánico de extraordinaria belleza, el umbroso y húmedo paraje de lo que queda de la mítica Selva Doramas en este punto de la Reserva Especial Natural de Azuaje.

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