Si hay en Canarias un yacimiento que merezca el calificativo de espectacular ese es el Cenobio del barranco de Valerón, interpretado desde hace siglos como "cenobio" o "convento", donde se encerraban a las llamadas "harimaguadas". Sin perjuicio de que el estamento religioso de la sociedad canaria aborigen haya tenido algo que ver con el lugar, hoy se reconoce el sitio como un enorme granero colectivo, ejemplo evidente de la significación de la actividad agrícola de los canarios, y del poder de las castas dirigentes.

Localizado en el margen izquierdo del Barranco del Calabozo, bajo un arco natural de 30 metros de ancho por 25 de alto y a unos 300 metros sobre el nivel del mar, aparece este extraordinario conjunto de más de 350 cuevas, cámaras, oquedades y silos dispuestos en varios niveles, destinados al almacenamiento de los cereales proporcionados por la agricultura (cebada y trigo).

Tres elementos configuran la elección del emplazamiento: la toba, fácil de labrar; lo escondido, para que no atraiga las miradas desde el mar; y lo escarpado, que permite una defensa cómoda ante eventuales ataques. La boca de estos cubículos se cerraba con una pequeña puerta de madera o lajas de piedra, encajándose en las ranuras excavadas en los silos, que luego se sellaban herméticamente con barro.

Se ha propuesto, en el mismo sentido, que este granero por su cercanía a Gáldar, y sus enormes dimensiones, serviría como lugar de almacenamiento del tributo que los "vasallos" debían entregar periódicamente al segmento dirigente de esta sociedad, y que en las referencias etnohistóricas se denomina con el término de "diezmo". Este hecho viene a confirmar la importancia de la actividad agrícola para los canarios, no sólo para su sustento, sino también para el mantenimiento de la propia organización sociopolítica.

 

Dataciones Arqueológicas      

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