Se trata de un conjunto troglodita integrado por un total de 21 cuevas, tanto habitacionales como de uso cultural, a juzgar por las importantes manifestaciones rupestres que contienen y que se relacionan con creencias mágico-religiosas vinculadas a cultos de fecundidad-fertilidad en las sociedades agropastoriles. En una de las cuevas se produce entre el equinoccio de primavera y el solsticio de verano un fenómeno lumínico que consiste en la entrada de un haz de luz del sol naciente a través de una oquedad y que va recorriendo un amplio panel de grabados rupestres, fenómeno que puede ser interpretado como un marcador astronómico equinoccial.

La zona arqueológica de Risco Caído se asienta sobre dos unidades geomorfológicas, una al este, integrada por un saliente rocoso conocido como La Meseta, y otra al oeste, conocido como Lomo de la Punta, separadas entre sí por el cauce del Barranquillo de los Linderos. La erosión provocada por el Barranquillo del Pocillo, al norte del conjunto, ha delimitado estas unidades geomorfológicas bien diferenciadas, caracterizadas por escarpes muy pronunciados sobre dicho cauce que ha dejado al descubierto un potente estrato de toba volcánica bajo un estrato superior de aglomerado volcánico de la serie Roque Nublo.

En época prehispánica, el estrato de toba fue aprovechado para la excavación de un conjunto troglodita integrado por un total de 21 cuevas, tanto habitacionales como de innegable uso cultural, a juzgar por las importantes manifestaciones rupestres que contienen. A partir de referencias orales ha sido posible determinar que este conjunto rupestre fue reutilizado hasta, probablemente, mediados del siglo XX, con la función esencial de área de almacenaje para aperos, pajeros y rediles de ganado; su no reutilización como área habitacional, sin duda, ha redundado positivamente en el alto grado de integridad estructural que presenta el conjunto, así como en la excelente preservación de sus manifestaciones rupestres.

Las manifestaciones rupestres consisten, fundamentalmente, en numerosos triángulos invertidos vaciados en bajorrelieve, con y sin señalización de bisectriz del vértice inferior, y cúpulas circulares en las paredes, así como en cazoletas excavadas en el suelo. Este tipo de manifestaciones rupestres se relacionan sin lugar a dudas con creencias mágico-religiosas vinculadas a cultos de fecundidad-fertilidad en las sociedades agropastoriles. Igualmente, en la cueva número 6 se produce, entre el equinoccio de primavera y el solsticio de verano, un fenómeno lumínico consistente en la entrada de un haz de luz del sol naciente a través de una oquedad que va recorriendo un amplio panel de grabados rupestres, fenómeno que puede ser interpretado, desde los paradigmas de la arqueoastronomía, como un marcador astronómico equinoccial.