La pila bautismal de la Iglesia de Santiago de los Caballeros de Gáldar es conocida como la Pila Verde o la Pila de los Guanartemes, ya que en ella recibieron el bautismo en la nueva fe los familiares del Guanarteme de Gáldar. Forma parte del grupo de pilas bautismales realizadas en cerámica vidriada de color verde que se conservan en Canarias.

Estas piezas, procedentes de los alfares de Triana en Sevilla, están datadas hacia finales del siglo XV y estuvieron directamente relacionadas con la cerámica de importación. Junto a su indudable valor artístico, estas piezas fueron testigo de los acontecimientos que se produjeron con su llegada, ya que están muy relacionados con la cristianización de la población aborigen tras la conquista del archipiélago y su incorporación a la Corona castellana. La primera referencia escrita sobre esta pila la encontramos en los inventarios de 1541 y más tarde en 1846, en ellos se indica que esta pila ya estaba agrietada en 1520 y que “fue puesta por los conquistadores y pobladores de esta villa”.

La pila de Gáldar consta de un pie de piedra prismático octogonal y taza de perfil semiesférico.  La decoración se concentra en la franja cercana al borde formando una cenefa. Los motivos decorativos realizados en altorrelieve están vinculados a la iconografía cristiana con cabecitas de niño y a la iconografía mudéjar, con piñas, cabezas de leones y caracolas.

El carácter singular de esta pieza viene acreditado por el hecho de que sólo existen cinco piezas de este tipo en las islas y las podemos encontrar en la Iglesia de San Miguel Arcángel de Valsequillo, la Iglesia de la Concepción en San Cristóbal de la Laguna, la Iglesia de San Pedro de Breña Alta y la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat en Sauces, ambas en La Palma. En la Península apenas se conservan un total de diez muestras similares. También se ha constatado su presencia en Madeira y su llegada al Nuevo Mundo.

Estas piezas, además de obras de valor artístico, son testigos históricos de su tiempo. Estas pilas no eran baratas ya que eran de grandes dimensiones y su elaboración era compleja. Es bastante probable que las trajeran los protagonistas de la conquista de Canarias, de hecho se cree que la llegada de estas pilas a Gran Canaria se realizaría de la mano de Pedro de Vera. La compra de este tipo de piezas sólo podían hacerla personas con cierto poder adquisitivo, que estaban obligadas a dotar de objetos litúrgicos de la nueva fe a estos territorios que quedaban a su disposición.