Este retablo de origen flamenco fue comprado por un hijo de Antón Cerezo y se trae a Canarias a inicios del siglo XVI utilizando los beneficios de la venta del azúcar, que se exportaba a otros países desde las islas.

La presencia en el archipiélago de obras de arte flamencas se explica gracias a las relaciones socio-económicas derivadas del tráfico del azúcar canario en los mercados del norte de Europa. Tras la Conquista se concedió prioridad al cultivo de la caña de azúcar en las primeras datas o repartimientos de tierras y aguas; fue tal la expansión del cultivo y la comercialización de este producto, que las islas tendrían el sobrenombre de “islas del azúcar” en los circuitos mercantiles internacionales.

En consecuencia, aparece una elite o grupo social dominante, que eran los propietarios de extensas plantaciones de cañaverales con sus correspondientes ingenios azucareros. Se importaron productos manufacturados, objetos litúrgicos, devocionales y suntuarios destinados a dotar los templos y las capillas privadas que se fueron construyendo en territorio insular a raíz de su anexión a la Corona de Castilla.

Es Alonso Fernández de Lugo quien funda el ingenio azucarero más importante del archipiélago, en las tierras que le tocaron en el reparto, en el Valle de Agaete, pero tras su partida es Antón Cerezo y su familia quienes se hacen cargo del ingenio. Antón Cerezo, de origen genovés, es uno de estos propietarios que harán encargos artísticos a los obradores de los Países Bajos cuyo prestigio era incuestionable en la época.

Junto a su esposa Sancha Díaz de Zorita, se comprometió a edificar un monasterio y una iglesia para los frailes mercedarios, así como dotar de ornamentos a la capilla bajo la advocación de las Nieves, advocación que había traído consigo Alonso Fernández de Lugo. Actualmente, la obra se encuentra en la Iglesia de la Concepción.

El Retablo consta en la actualidad de cinco tablas, en la central se expone el tema de la Virgen con el Niño, de gran importancia en la pintura flamenca desde el punto de vista devocional. En esta tabla la ambientación está en el interior de una arquitectura abovedada, algo muy habitual en las escenas del Renacimiento italiano y poco usual en el arte flamenco. El tratamiento escultórico de los pliegues del manto de la Virgen y el trabajo a base de veladuras es característico de la pintura flamenca.

En la tabla lateral derecha figura el tema de la estigmatización de San Francisco de Asís, mientras que la tabla lateral izquierda se representa a San Antonio Abad. La elección de los temas de estos santos se corresponde con los nombres de los donantes, Antón Cerezo y su hijo Francisco Palomar. Ambos temas se desarrollan en ambientes paisajísticos en donde se aprecia un gusto por los detalles, con lo que se avanza hacia la pintura de paisajes que se desarrolla en siglos posteriores. En el caso del paisaje que rodea a San Antonio Abad destaca la presencia de un espacio montañoso donde se representa a otro santo, San Cristóbal llevando a un niño sobre sus hombros. Al fondo una ribera con una ciudad portuaria con barcos atracados que puede ser una alusión a la Villa de Agaete.

En las tablas que acompañan al tema central se representa a Don Antón Cerezo con su hijo Francisco Palomar, en el lado derecho, y a Doña Sancha Díaz de Zorita, en el lado izquierdo; son dos retratos en forma de tondo, es decir, en formato ovalado, de los donantes del Retablo. La presencia de los donantes es un rasgo propio de la época, aunque siempre en un lugar secundario con respecto al tema principal. La burguesía quiere a través de sus obras piadosas, sus limosnas y donaciones a la Iglesia asegurar la salvación eterna. También es una manera de reflejar su elevada posición económica y social.

Inicialmente el Retablo contaba con un Apostolario, hoy perdido, así como una predela con el tema de la Santa Cena que se perdió tras enviarla a un Exposición en Sevilla en 1930. También contaba en la parte superior con unos “putti”, que eran cabezas de angelitos alados sosteniendo unas guirnaldas sobre las que aparecía el Espíritu Santo en forma de paloma.

El Retablo se le atribuye al pintor flamenco Joos van Cleve (1485-1541), seguidor de la obra de Leonardo da Vinci, de quien captó el sentido de la belleza y el “sfumato”. Puede considerarse, junto a Quinten Massys, el pintor más importante de Amberes. En su obra se combina una gran fluidez técnica y un colorido de gran sensibilidad. Colaboró con el paisajista Patinir, de ahí la calidad técnica de los paisajes que enmarcan las figuras de los santos San Antonio y San Francisco en las tablas laterales de este Retablo.